La flor de loto ha sido un ícono de la literatura, la poesía y las artes de las diversas culturas de Asia desde tiempos inmemoriales. Y desde que el Buda sostuvo una flor de loto mientras enseñaba a sus discípulos, su simbolismo ha quedado profundamente arraigado en la tradición budista. La flor de loto se ha convertido en una metáfora del misterio de la vida.
El ejemplo del loto - Mar de las Pampas.Travel
Tanto en Japón como en otros países de Oriente, el loto asiático (Nelumbo Nucífera) se cultiva en los jardines de los templos y monasterios Zen como una flor sagrada y como un símbolo vivo de la paz y la perfección.
El ciclo vital del loto representa, entre otras cosas, la naturaleza transitoria de la vida. Primero hay sólo un estanque vacío, dado que el loto comienza siendo una semilla. Después se convierte en hojas, prosigue como flor y, finalmente, al término de su ciclo, vuelve a ser una semilla y, una vez más, no vemos más que un estanque vacío. Sin comienzo ni final. Nos muestra la impermanencia, la naturaleza efímera de todas las cosas. Esta idea se halla expresada en el Sutra de la Perfecta Sabiduría (Hannya Shingyo) que afirma que todo lo que percibimos es vacío; y que el vacío no es sino lo que percibimos. En el Zen se reconoce la verdadera naturaleza de las cosas más allá de su apariencia.
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El loto inicia su viaje en las fangosas profundidades del estanque, esforzándose por alcanzar la superficie. Y cuando logra salir de esta oscuridad, florece tan puro e impecable que supera todas las imperfecciones del mundo que deja atrás. A medida que la flor emerge de las turbias aguas, su capullo con forma de corazón siempre busca la luz. Su aspecto se compara con el gesto budista de juntar las manos cuando se saluda a alguien (gasshò). Lentamente, bajo la calidez de la luz solar, la flor se abre para revelar toda su gloria, haciendo del mundo que la rodea un lugar más hermoso.
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Este viaje hacia la luz es como el despertar espiritual. Es un recordatorio de la fuerza que yace en todos nosotros para sobreponernos a los problemas de la vida y lograr la superación.
Otra inspiración que nos produce el loto es que en su esfuerzo por traer hermosura y pureza al mundo, podemos superar el ego y evitar todo aquello que causa sufrimiento a los demás. A lo largo del viaje hacia su meta, no causa daño o dolor a nadie. Análogamente, nuestros pensamientos, palabras u obras no deberían causar sufrimiento a los demás.
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Al igual que el loto nuestra fuerza y presencia han de aportar inspiración a quienes la necesitan.
Yúrin Mokuden Basalo
monje Zen
Despertar - Dojo Zen