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¿POR QUÉ PRACTICO ZAZEN?

A menudo la gente pregunta: “¿Por qué practica zazen? ¿Qué beneficio obtiene?”

El Maestro Deshimaru ironizaba sobre aquellos que no paran de preguntar: “¿Por qué, por qué?”, y agregaba: “Cuando yo era joven le pregunté lo mismo a mi maestro Kodo Sawaki, y él me respondió: -Practico zazen por nada-. Esta respuesta decidió mi vida. Pensé que era digno y sorprendente hacer todos esos esfuerzos sin ninguna meta. La vida espiritual más elevada para el hombre sólo puede alcanzarse donde no hay ni búsqueda, ni beneficio, ni miedo a la pérdida”.

En Japón hay una pieza tradicional del teatro kabuki que aclara de una manera humorística los motivos de la práctica de zazen. Se llama “el zazen incierto”.

Se trata de la historia de un hombre rico que no logra satisfacer su gusto por la diversión y la juerga; su mujer, de carácter agrio, lo vigila día y noche. Entonces inventa una estratagema para engañar a su mujer. Un día le dice:

“Mi querida esposa, he decidido terminar con mi conducta vergonzosa y practicar la Vía del Buda. He resuelto empezar ahora mismo. Voy a pasar una noche entera haciendo zazen”.

Dicho esto, se puso su kimono, una gran capa con capucha, para no tener frío durante la noche, y se sentó a hacer zazen.

En cuanto su mujer salió, llamó a su criado, el cual se sorprendió mucho por la nobleza de la postura adoptada por su amo, y le dijo: “Te vas a poner mi capa y vas a hacer zazen por mí, toda la noche”.

El criado, obediente, se sienta, mientras su amo desaparece por la ventana. Sobre las dos de la mañana, la mujer viene de improviso para ver a su marido.

“Mi querido esposo” le dice con voz suave, emocionada ante la belleza de la postura, “te traigo una taza de té. Hasta en los monasterios más severos, los monjes toman una colación”. Al acercarse al hombre en zazen, hace caer la capucha y descubre el engaño. Roja de cólera, echa al criado a patadas, se pone ella la capa, se sienta en zazen y espera el regreso de su marido. Éste vuelve a la madrugada un poco entonado, feliz al ver que su servidor continuaba haciendo zazen y un tanto admirado por la dignidad de su postura. Le pasa amigablemente el brazo alrededor del cuello y en tono confidencial le narra las aventuras de la noche pasada. Cuanto más habla el marido, más se crispa el rostro de la mujer, volviéndole su máscara natural, colérica y refunfuñante.

Como toda comedia, este cuento tiene un final feliz, pero en lo que concierne a la pregunta: ¿Por qué practicar zazen? No puede existir una respuesta auténtica en ninguna de las tres actitudes de esta historia: por cálculo o interés, por obligación o por espíritu complicado.

Yúrin Mokuden Basalo
monje Zen
Despertar - Dojo Zen

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